Imagen de un block del sector Bajos de Mena de Puente Alto.
Una niña de siete años murió golpeada, quemada y desnutrida en su casa de Puente Alto. La única imputada es su madre, que alega inocencia. Un informe de la Defensoría de la Niñez dice que al menos 11 instituciones vieron su caso. "A ella le falló la familia, la sociedad y el Estado", lamenta la defensora Patricia Muñoz.

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Grabación y Producción: Natalia Quezada y Leonardo Riquelme.

 

Por Natalia Quezada y Leo Riquelme

Maquillada. Sí, maquillada. Así encontraron a Natasha los detectives y peritos que ingresaron a su hogar el sábado 9 de febrero de 2019. La niña, de siete años, estaba fallecida en el living comedor de su pequeño departamento de la villa San Miguel, en Puente Alto, un conjunto de bloques repleto de rejas y escaleras entrecruzadas del sector Bajos de Mena. No era que estuviera pintada con base como parte de un juego.

“Era para ocultar algún tipo de lesión”, asegura el oficial que encabezó el operativo ese día, el subcomisario de la Brigada de Homicidios (BH) Metropolitana de la PDI, Cristian Tur. ¿Podría interpretarse que después de la muerte alguien la maquilló? “Exacto”, responde sin vacilar.

En la imagen aparece pixelado el rostro de la niña Natasha.
Natasha, cuando era pequeña. (Imagen de Facebook).

La muerte de Natasha es el resumen de su vida. Al momento del deceso pesaba 14 kilos, siete por debajo de lo normal para alguien de su edad. Además, según consta en la carpeta investigativa, su cuerpo tenía 73 lesiones, con data de al menos tres semanas: 18 heridas se concentraron en la cara, una en el cuello, cuatro en el tórax, seis en el brazo derecho, nueve en el izquierdo, cinco en la pierna derecha, una en la parte posterior del cráneo, cuatro en la parte trasera del cuerpo y, entre otras, dos en la zona genital. Por ahora, la investigación dice que en la víspera la pequeña fue sentada en uno de los quemadores de la cocina. Se supone que era una lección para que dejara de orinarse y defecarse.

Según consta en la querella de la Defensoría de los Derechos de la Niñez, las agresiones comenzaron el día antes, cuando encontraron en un cajón ropa interior con heces de la niña. En castigo, tras quemarla, la bañaron con agua helada, la mantuvieron de pie un rato y luego la acostaron “amarrada de sus muñecas y codos hasta el día siguiente”.

“Me ha tocado ver otros casos bien macabros, pero en una menor no. Primera vez que me toca en 22 años de carrera ver a una menor tan mal cuidada y tan maltratada, agredida de días anteriores, porque me ha tocado concurrir a otros parricidios donde es la agresión del momento, pero aquí hay un maltrato claramente de data antigua (…) Es bastante chocante”, dice Tur. Para él y en el Ministerio Público no hay duda: Natasha fue víctima de “tortura”.

LA PRIMERA SEÑAL

Natasha  nació un 18 de junio de 2011. Era hija de Margarita Jeréz Morales y de Diego Morales Bascuñán, que entonces tenían 16 años y 11 meses, y casi 20 años, respectivamente.

La primera alerta formal de que su vida no sería fácil se emitió un 24 de diciembre de 2012. Según consta en la carpeta investigativa y en un informe elaborado por la Defensoría de la Niñez, en un control al que la llevó la mamá realizado en víspera de Nochebuena el equipo del Centro de Salud Familiar (Cesfam) Raúl Silva Henríquez de Puente Alto detectó que la niña, al año y seis meses, estaba desnutrida.

En esta imagen aparece la fiscal de Puente Alto Yasne Pastén.e
La fiscal de Puente Alto Yasne Pastén está a cargo del caso. (Foto: JORGE ESPINOZA / LA SEGUNDA)

“Había un riesgo potencial de vida”, lo resume la fiscal Yasne Pastén, quien tiene a su cargo la indagatoria.

Dos días más tarde, por orden del tribunal de familia de Puente Alto Natasha ingresó a la Casa Nacional del Niño, una residencia del Servicio Nacional de Menores (Sename) reservada para quienes están bajo situaciones extremadamente graves, según explican desde dicho organismo.

Mientras permanecía en la Casa Nacional, el tribunal solicitó un informe a sus profesionales para establecer si era posible revincularla con su familia. Éste aconsejó que era “necesaria la separación de la menor de su medio familiar” y recomendó que se mantuviera bajo el cuidado de dicho organismo.

Si bien en su veredicto la jueza del tribunal de familia de Puente Alto concedió que no podía estar con su “núcleo familiar directo”, ordenó el egreso de la pequeña, la dejó bajo el cuidado proteccional de su padre y dispuso que la Oficina de Protección de los Derechos de la Infancia (OPD) de La Florida siguiera el caso por seis meses. Al cabo de ese tiempo se dio por cerrada la intervención. Era 2013 y la niña comenzó a vivir con Diego Morales y los padres de éste.

QUIENES LA VIERON

La situación entre 2013 y 2018 es difusa. Según explica el subcomisario Cristian Tur, en la práctica la niña era criada por sus abuelos debido al trabajo del papá; mientras que su madre, Margarita Jeréz, inició una relación con Mauricio Lagos Ulloa, de la que nacieron dos niños. Ambos hoy, por orden del tribunal de familia, están bajo la custodia de sus abuelos paternos.
Jeréz no terminó la enseñanza básica. Según consta en el Ministerio de Educación repitió tres veces séptimo y hasta el momento de los hechos era dueña de casa. En su barrio del pasaje Acuario hay coincidencia en identificarla como una persona tranquila y “quitada de bulla”.
“Ella era como pavita. Venía todos los días y siempre decía: ‘Hola Carola, ¿me das medio kilo de pan y un paquete de vienesas?’ Era todo lo que decía y siempre compraba lo mismo”, cuenta la dueña de uno de los negocios de abarrotes del block, Carolina Pizarro. Por el contrario, los vecinos dicen que su pareja, un jardinero apatronado, tenía un actuar más decidido.
El papá biológico de la niña contó en una entrevista a Mega que él tuvo la custodia de Natasha hasta principios de 2018, cuando la mamá llegó a su casa a pedírsela y él aceptó entregársela. Tras ello, según corroboró “Sábado”, el paso de la pequeña por el sistema de protección de la infancia se intensificó.

Primera vez que me toca en 22 años de carrera ver a una menor tan mal cuidada y tan maltratada, agredida de días anteriores», dice el subcomisario de la Brigada de Homicidios Metropolitana, Cristian Tur.

Un informe de la Defensoría de la Niñez estableció que durante su vida Natasha pasó por “a lo menos 15 instituciones que tuvieron directa participación en la intervención respecto de la situación, ya sea atendiendo directamente su caso o, luego de ello, derivándolos a otros organismos, instituciones que incluyen a tribunales de familia, quienes también tomaron conocimiento de hechos de abandono y maltrato que vivió esta niña”.
Estos son los hospitales Roberto del Río de Puente Alto y Exequiel González Cortés de San Miguel; los Cesfam Raúl Silva Henríquez de Puente Alto y Doctor  Mario Salcedo de El Bosque; los programas de Diagnóstico Ambulatorio (DAM) reparatorio Ciudad del Niño (sin ejecutarse por cambio de domicilio) y reparatorio de La Cisterna; el programa Renacer de Programa de Familia (de la Corporación Municipalidad de Puente Alto); el Programa Reparatorio en Maltrato (PRM) Centro Reparatorio María Ayuda de Puente Alto; las OPD de El Bosque, La Pintana, Puente Alto, La Florida y La Cisterna; y los tribunales de familia de Puente Alto y San Miguel.
En un chequeo realizado por Sábado, cuatro de ellos –Ciudad del Niño, el hospital Roberto del Río y las ODP de La Pintana y La Cisterna- negaron haber atendido a la menor. Es más, desde la primera informaron que es segunda vez que esta Defensoría los menciona en los últimos meses sin tener relación con el caso.
Lo que sí es concreto es que en abril de 2018 el tribunal de familia de San Miguel le solicitó a un programa de la corporación Opción que realizara un diagnóstico a la niña, pues según explicaron desde dicha entidad existía una “sospecha de grave vulneración de derechos”.
En dicho proceso se citó sin éxito al padre biológico y los peritos recomendaron que la pequeña fuera separada nuevamente de su medio familiar hasta que el grupo se sometiera a un tratamiento psicológico. Meses más tarde, el 8 de octubre, el tribunal derivó a la niña al centro ambulatorio Rayún, que la corporación María Ayuda tiene en Puente Alto. Desde ese organismo explicaron que por falta de cupo quedó en lista de espera y el tribunal de San Miguel no perseveró en ello. Desde el Sename expresaron su extrañeza por la determinación judicial, pues indicaron que existe el “Cupo 80 Bis”, que le da la potestad al juez a exigir la apertura de un sobrecupo a la organización, casos en los que el servicio incluso debe pagar una subvención extraordinaria. Cuatro meses exactos después, Natasha falleció.

8 parricidios contra menores de edad se han cometido en 2019 en el país hasta el 29 de septiembre, según los datos proporcionados por la Jefatura Nacional de Delitos contra los Derechos Humanos y las Personas de la PDI. Natasha es la mayor de las asesinadas, el resto tiene entre uno y dos años. En cinco de los casos la muerte se produjo por el golpe de un elemento contundente.

UNA MAMÁ PARTICIPATIVA

Natasha ingresó en julio a la escuela especial Ana Cruchaga Tocornal de Puente Alto, donde no entienden el desenlace de la niña. La menor tenía un déficit intelectual leve, pero en el colegio aseguran que en el semestre que estuvo con ellos presentó notables avances. Sus encargados coinciden en que la niña era participativa, locuaz (pese a algunas dificultades de lenguaje), activa y alegre.
“Las únicas veces que se ponía triste era cuando alguien la molestaba, lo que es normal entre los niños; o cuando no veía a su papá”, dice una de las consultadas. ¿Había señales de agresiones? Las funcionarias cuentan que un par de veces notaron moretones, pero ante las preguntas la niña les explicaba en detalle que habían sido productos de peleas con su hermano menor. Reconocen que era “flaquita”, pero añaden que en los últimos seis meses había subido de peso y ya no tenía las ojeras marcadas con que llegó.
De su madre también tienen una opinión clara. Comentan que llevaba regularmente a Natasha a clases; que era una joven presente en la educación de su hija; preocupada de sus quehaceres y actividades; que andaba siempre en brazos con su guagua de un año; y le mandaba rigurosamente la colación indicada en la minuta. Las entrevistadas concuerdan en que esas características no abundan en muchos padres del establecimiento.
“(A Margarita) había que guiarla mucho eso sí, había que explicarle las tareas. Ella se veía como un ser bien indefenso, por eso la profesora la guiaba y ella le hacía caso en todo”, cuenta una de ellas. “Acá se le enseñaba de crianza”, añade otra de las consultadas. Al papá, agregan, no lo vieron nunca; y al padrastro sólo en una ocasión, cuando fue a atender una situación con el hermano del medio. De él, Natasha no hablaba.

EL DESENLACE

En el barrio la gran mayoría de vecinos empadronados por la policía y con quienes habló “Sábado” dijeron que ni siquiera sabían que la pareja tenía otra hija. Tampoco oyeron gritos o llantos de agresión, y por lo mismo afirmaron que les causó tanta extrañeza su deceso y que la principal sospechosa sea su madre, quien fue detenida esa tarde del 9 de febrero.

En la foto aparece Margarita Jeréz Morales, única detenida e imputada por el presunto parricidio.
Margarita Jeréz es la única imputada por el presunto parricidio de Natasha. (Foto: JORGE ESPINOZA)

La por ahora única imputada ha entregado al menos tres versiones sobre lo sucedido ese 9 de febrero. Todos los relatos de Margarita Jeréz parten con que esa mañana salió de su casa a una feria libre y le dejó la orden a la niña para que se duchara. En su primera declaración al SAMU y a Carabineros indicó que la niña había muerto a causa de una caída cuando estaba en el baño. En la segunda, tras el empadronamiento e investigación inicial de la PDI, aseguró que cuando llegó pasado el mediodía a la casa se indignó porque la menor la había desobedecido y, en el baño, le dio un manotazo que la derribó y le ocasionó un golpe fatal en la cabeza.
Estas dos versiones cambiaron durante la audiencia, cuando la entonces defensora pública que veía su caso, Ximena Silva, declaró que Margarita Jeréz en realidad estaba encubriendo a su pareja, Mauricio Lagos Ulloa, sobre quien había dicho inicialmente que no estaba en la casa. Éste se encuentra inubicable desde ese día, no concurrió a la citación que le hizo la fiscalía en calidad de testigo el 8 de marzo y no fue hallado en el hogar de sus padres cuando lo visitó la PDI la semana pasada. Familiares suyos le dijeron a los funcionarios que hace tiempo que no lo ven, a pesar de que en ese hogar residen por orden del tribunal de familia sus dos hijos.
El nuevo abogado de la imputada, Julián Febrero, contó que Lagos no se ha contactado con él ni ha ido a visitar nunca a su pareja al centro penitenciario de San Miguel, donde está recluida.
“Eso no es habitual”, dice el defensor privado. Añade que las únicas personas que siguen visitándola son su madre y sus dos hermanos, uno de los cuales vivía en el departamento con la familia al momento del hecho. Este medio se contactó con ellos pero no respondieron a los requerimientos.

“En este caso primero falló la familia de la víctima; la sociedad que le rodeaba, que tampoco promovió un espacio protector para ella; y, finalmente, el Estado, que fue incapaz, a través de sus diversos organismos, de brindar oportuna, eficiente y efectiva protección al derecho a la vida de la niña, lo que involucró su asesinato en brutales circunstancias”, dice Patricia Muñoz, Defensora de la Niñez.

La fiscal Yasne Pastén asegura que por ahora no hay nadie más formalizado, aunque agrega que “sin duda se están investigando todos aquellos que podrían tener responsabilidad penal, en tanto como autor o cómplice encubridor”.
Mientras, Febrero afirma que en la cárcel la mayor inquietud de la madre es la condición en que están sus otros dos hijos. ¿Y le habla de Natasha? “No, no habla de ella”, responde el abogado.
“Sábado” no logró ubicar a su padre biológico. Éste, no obstante, expresó en una entrevista a Mega tras la formalización su arrepentimiento por haberle entregado la niña a su expareja: “Nunca pensé que mi hija estaba siendo maltratada, golpeada, torturada, sufriendo hambre (…) Siempre me voy a culpar, confié en ella y me la entregó así como la tengo ahora, muerta”.
En el último colegio en que estuvo Natasha, donde estuvo en clases hasta el 20 de diciembre, no dejan de lamentarse por el, para ellos, inesperado fin. Recuerdan con nitidez la preparación que tuvo para la última revista de educación física, realizada en noviembre. La menor debía vestirse de bailarina de charleston y, como su mamá desconocía el baile y tenía dificultades para entender la dinámica, decidieron imprimir una fotografía de una persona usando el atuendo para que ella copiara el traje. Las “tías” de la escuela dicen que el día de la actividad Natasha lucía “impecable” y estaba radiante. Con esa imagen prefieren quedarse, la de una niña feliz.

Revise a la infografía para conocer mas acerca de las instituciones por las que pasó Natasha.


Blue Entrepreneur Personalities Business Infographic por Natalia Quezada