TODO TIEMPO PASADO (NO) FUE MEJOR

Por Benjamín Cruz

 

Uno más. Eso es. Nada más que un nuevo ultraderechistas entre los muchos que han surgido últimamente. Un Le Pen. Un Salvini. Un Orbán. Un nuevo ejemplo de cómo cierto sector de la sociedad se aferra con desesperación al recuerdo de un tiempo en que las cosas funcionaban de cierto modo

Bolsonaro es el hombre que representa ese pasado, por eso la gente lo quiere.

En 2017 hubo 63.880 asesinatos en Brasil, la gente quiere a alguien que demuestre autoridad; qué mejor que un ex militar. Hay 170 políticos con cargos por corrupción en la justicia brasileña, la gente quiere a alguien limpio; qué mejor que un parlamentario con 20 años de trayectoria y ninguna conexión con Petrobras.

Pero Bolsonaro también representa otras ideas: como que los afrodescendientes solo sirven para reproducirse y que los homosexuales merecen ser golpeados en la vía pública. Pero la gente lo quiere. ¿Lo quiere por esto? Dudosamente. ¿Lo quiere a pesar de ello? Quizás.

La conclusión es clara: la gente prefiere el fascismo a la corrupción. Con corrupción no se llevan ningún pedazo de la torta, todos los beneficios son de la clase política. El fascismo, en cambio, promete (aunque no siempre entrega) disciplina y libre mercado. Y la pregunta se vuelve distinta: ¿Qué preferimos, populismo de izquierda o de derecha?

La decepción es clave. Es la decepción la que ha desempolvado los retrógrados valores de un pasado en que los seres humanos no nos mirábamos horizontalmente. Decepción de las promesas y de los sueños. De esa izquierda que aseguraba que, si todos nos queríamos un poquito más, estaríamos bien. Decepción de un bloque político que olvidó cómo dialogar y en vez de eso se conformó con sentirse ofendido.

Pero ofenderse ya no basta. La gente ya no ve reflejado en el discurso socialista la dura vida que soportan día a día. Por rechazar las mentiras y decepciones de la izquierda, votantes que no son ni homofóbicos ni machistas ni racistas, terminan por respaldar a candidatos de esas tendencias.

Voto a voto, la fuerza fascista se vuelve más fuerte e intenta devolvernos a ese pasado que, solo para muy pocos, era mejor. Voto a voto, uno a uno, la ultraderecha se vuelve más fuerte.

Uno más, Bolsonaro, solo es uno más.