Retirar estatuas y cambiar las nomenclaturas es hacer justicia

M. Piedad Jiménez Larraín

Chile está lleno de homenajes a los colonizadores. El busto de Cornelio Saavedra en Collipulli, la imagen de Cristóbal Colón en Valparaíso, la ciudad de Valdivia y el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales son algunas de las nomenclaturas que recuerdan constantemente la “grandiosa labor” que los europeos realizaron a lo largo del país. ¿Por qué no seguir el ejemplo de los nombres inspirados en nuestras raíces como Calafquén, Aconcagua, Chiloé y Panguipulli; o el levantamiento del monumento “Al pueblo indígena” en Plaza de Armas; o las estatuas dedicada a los selknam en Tierra del Fuego?

El 22 de agosto de este año fue la tercera vez que la asociación “Ciudadanos por la memoria” solicitó el retiro de la estatua del ex comandante en Jefe de la Armada y miembro de la Junta Militar que participó activamente del Golpe de Estado de 1973, José Toribio Merino, que se ubica desde 2002 en el Museo Naval y Marítimo.

Si bien la Cámara de Diputados aprobó el proyecto, el 14 de noviembre el Ministerio de Defensa le negó la solicitud argumentando que “no se trata de un monumento público”, ya que está al interior del inmueble y que, con esa estatua, la Armada no vulnera ninguna disposición legal.

Si hay algo que cambiar en el país son aquellos nombres, estatuas, homenajes y monumentos que recuerdan solo un lado de la historia. Una historia de conquistadores, civilizadores y extranjeros que conforman el panteón de los héroes chilenos, pero que son los responsables de la masacre, genocidio y sometimiento que caracteriza a la época colonial chilena. El Estado debe apoyar las causas del retiro de estatuas y el cambio de nombre de muchos lugares que representan épocas de división y desunión en el país.

El sábado 10 de noviembre de este año la estatua de Cristóbal Colón del Gran Parque de Los Ángeles (EE.UU.) fue retirada porque, según el concejal de la ciudad, los actos de Colón “pusieron en marcha el mayor genocidio de la historia. Su imagen no debería ser celebrada en ningún sitio”. Este es un ejemplo inspirador para muchos países. Las estatuas no son inamovibles. La sociedad cambia y hay que cambiar con ella. El caso de Los Ángeles debiera ser un ejemplo a seguir. Es hora de hacer justicia.