Más allá de las maniobras políticas

Sucedió lo inevitable. Pese a haber asegurado en días pasados que permanecería en el cargo, y reiterar que no cometió equivocaciones en sus declaraciones y su actuar, Luis Mayol renunció como intendente de la Región de la Araucanía. La decisión, que se percibe como ajena a su persona, es una respuesta del Gobierno ante la crisis suscitada tras la muerte del comunero mapuche Camilo Catrillanca.

Su salida era previsible. Desde que ocurrió el asesinato, la polémica ha ido en aumento, y a pesar de que se dio de baja a los elementos policiales involucrados, la sociedad y la oposición no han dejado –con razón– de exigir un responsable político. La cabeza más alta que han pedido que caiga es la del ministro del Interior, Andrés Chadwick, lo que se vislumbra improbable; más con el respaldo que el Presidente Piñera manifestó por él. Mayol era el segundo blanco de las demandas populares y la más viable, además de entendible.

La coyuntura requiere de una persona que propicie la unión y ostente la credibilidad suficiente para atender la contingencia; después de darse a conocer la muerte de Catrillanca, con las declaraciones y maniobras que ejecutó Mayol, perdió ambas facultades.

La salida de Mayol es un cubo de hielo que ha soltado el Gobierno para tratar de hacer decrecer la efervescencia y el descontento».

Sin embargo, esta es tan solo una respuesta política a una crisis con múltiples aristas, que se extienden también al plano administrativo e institucional, ante el cuestionamiento de la rectitud y efectividad de Carabineros; no solo en la región de la Araucanía, sino que también en las represiones a las protestas por el caso.

Se contempla también una crisis de justicia y responsabilidad penal, con procesos que parecen no tener desenlace. Además, el blindaje que aún ostentan los altos mandos luce irrevocable, y no parece dar cabida a investigaciones certeras y a profundidad que conduzcan a rendir cuentas a quienes deban hacerlo.

La salida de Mayol es un cubo de hielo que ha soltado el Gobierno para tratar de hacer decrecer la efervescencia y el descontento. Pero, en términos generales, solo responde a ese malestar, y no a las verdaderas grietas que se han evidenciado. Más que entenderse como un ejercicio de autocrítica, se aprecia como una maniobra política, muy cerca de una estrategia de relaciones públicas.

Y aún así, el nombramiento de Jorge Atton como nuevo intendente de la Araucanía parece ser contrario a ello. Al funcionario, quien desde agosto se había desempeñado como asesor de ciberseguridad, se le han encontrado declaraciones –en sus redes sociales– en las que se pronuncia a favor de la militarización en la región. Las maniobras políticas, ante todo, deben hacerse pensando en la ciudadanía y en el compromiso social con el país.