Diseñadoras fomentan la moda sustentable para disminuir la contaminación textil

En mayo, las autoridades de la Organización de Naciones Unidas catalogaron a la industria de la moda como la segunda más contaminante del mundo, después de la del petróleo, por la utilización desmedida de agua en sus procesos productivos y por ser la responsable del 35% de los microplásticos que van a caer al océano. Por lo mismo, fue declarada como emergencia ambiental por la institución.

Birgit Lia, analista de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa, dijo que

se necesitan más de 10 mil litros de agua para producir un kilo de algodón que es lo suficiente para producir un blue jean. Esa cantidad de agua es la que se toma una persona en 10 años».

Desde ayer y hasta mañana se realiza en Providencia la tercera versión de “The Ropantic Show”, una actividad de intercambio y reparación de prendas que busca que los usuarios conozcan los graves efectos que genera en el ecosistema la producción de residuos textiles.

La industria de ropa fue catalogada como la segunda más contaminante del mundo, después de la del petróleo. Fuente: ONU

Según informes de Greenpeace, las personas compran un 60% más de ropa y la usan por la mitad del tiempo que hace 15 años. Ese es el fenómeno del fast fashion o moda rápida, la cual está hecha con productos de mala calidad-principalmente por poliéster y algodón transgénico-, que duran poco tiempo y que está fabricada por trabajadores en malas condiciones, generalmente en países tercermundistas. Estos son los textiles que, según las especialistas en diseño, venden las grandes multinacionales como HyM, Zara y Forever21.

La diseñadora de vestuario Josefina Langlois explica que las principales fuentes de contaminación de la industria de la ropa son los pesticidas utilizados en los terrenos del cultivo del algodón, el teñido de los textiles, el uso excesivo de agua y la sobreproducción de ropa. “En India hay ríos de colores por las grandes cantidades de colorantes de las tinturas que se botan al agua”, menciona Langlois. Además, señala que el problema está en que

la moda rápida está hecha de materiales baratos y contaminantes como el poliéster y no de materiales nobles como el algodón puro y la seda porque son productos más caros”.

La contaminación de la industria textil no pasa solo por la producción de ropa sino que también por su deshecho. Según la especialista en consumo sustentable y directora de Stgo Slow Carola Moya, se botan 550 toneladas de residuos textiles al año en Chile y hay 250 toneladas de ropa en los vertederos ilegales de Alto Hospicio. “El fast fashion pretende que las personas cambien su ropa constantemente”, dice la diseñadora y especialista en innovación Mónica Kattan. “Si antes Zara cambiaba sus temporadas de ropa cuatro veces al año, ahora lo está haciendo 14 veces. Como el fast fashion sigue las tendencias, hace que la ropa sea desechable porque, cuando pasa de moda, ya no la usas más”, señala Kattan.

Actualmente, existen dos “contratendencias”, como menciona Moya. “Una tiene que ver con el fast fashion, que se basa en la producción de una gran cantidad de ropa de mala calidad, de obsolencia programada y que tiene una huella de esclavitud altísima; y la otra vendría siendo el slow fashion, que se basa en la sustentabilidad social, ambiental y económica”.

El accidente de un edificio con talleres textiles en un suburbio de la capital de Bangladesh en 2013, en la que murieron 1.129 personas y otras 2.515 resultaron heridas, fue lo que gatilló el interés del director Andrew Morgan para hacer el documental «The True Cost» que se publicó en Netflix en 2015.

 

Optimismo en el rubro

Moya asegura que, si bien ha habido políticas a nivel internacional que incentivan que la industria de la moda sea más responsable con el medioambiente, “el mercado del fast y slow fashion van a seguir conviviendo durante mucho tiempo. Es imposible que pueda ser 100% sustentable”. Pero, agrega que es optimista porque

la tendencia va hacia un mercado más sustentable y de economía circular. Si la filosofía del mundo de la moda tradicional es que consumas más y más, el concepto de la moda sustentable parte con el consumir menos y mejor, y eso ha ido ganando espacios en la población”.

La profesora y magíster en ciencias medioambientales Claudia Pabón menciona que “la industria de la moda se tiene que rediseñar”. Valora que ya existan empresas grandes que no se estén enfocando en la venta de ropa sino que en su renta, como algunas de Dinamarca y Holanda. Al igual que Moya, Pabón dice que, a pesar de las cifras, cree que habrá un futuro optimista para la industria de la ropa. “Los consumidores están exigiendo prendas recicladas o de moda sustentable y las empresas se están viendo obligadas a cambiar para responder a ese tipo de clientes. Hay más consciencia de la población en temas de cómo se fabrica la ropa”. Además señala que empezarán a aparecer alternativas de slow fashion que en algún momento reemplazarán a la moda rápida. “Uber y Airbnb son tendencias que han ido ganando espacio y apuntan a lo mismo que la moda sustentable: maximizar el uso de recursos”, menciona Claudia Pabón.

Ángela Amunátegui es dueña de la tienda sustentable “RocknDress”, la cual consiste en confeccionar vestidos con fibras naturales y arrendarlos. “Cuando estaba en un curso de moda lo que más me llamó la atención fue saber que desde el 2000 al 2014, la venta de ropa había subido en un 60% y que solo se usaba el 40%”, señala Amunátegui. “Yo era una de esas personas y fue impresionante darme cuenta de que lo que más me gustaba hacer era una de las cosas que más contaminaba en el mundo”, agrega la diseñadora. Dice que la industria de la moda sustentable está recién partiendo en Chile. Pero agrega que “la ropa todavía no llega al nivel de conciencia de lo que ha generado el plástico, pero vamos hacia allá”.

La especialista en diseño e innovación Mónica Kattan menciona que “por un lado, tienes a mucha gente que se interesa por el tema sustentable, pero por otro tienes las construcciones de malls y la llegada de miles de marcas a Chile”. Pero, asegura que “de aquí a 50 años esto va a cambiar porque si bien la gente consume más, se preocupan más de lo que consumen. Hace más de diez años nadie se hubiera imaginado que se iban a acabar las bolsas plásticas. Esto va en la misma línea. Es un cambio de mentalidad, por eso soy súper optimista con lo que va a pasar con la industria de la ropa”, señala.