Conejo blanco, conejo rojo: la improvisación es la protagonista

Esta obra de teatro, escrita por el dramaturgo iraní Nassim Soleimanpour en 2011, cuenta con más de mil funciones a nivel mundial. El espectáculo busca que, en cada función, un nuevo actor se enfrente al guión por primera vez en el escenario.

“Prepárate para personificar a ‘xxx’. Una vez que hayas comenzado, debes terminar… sin importar lo que suceda”. Esas son las primeras instrucciones del escritor de la obra de teatro “Conejo blanco, conejo rojo”, el iraní Nassim Soleimanpour, quien desarrolló el texto en 2011 mientras se le negaba la salida de su país por oponerse a inscribirse en el servicio militar.

Este espectáculo, que se estrenó el año pasado en CorpArtes y ahora vuelve al Centro Mori de Parque Arauco en su tercera temporada, busca generar la expectativa de no saber a qué atenerse, tanto a los intérpretes como a la audiencia.

“No tiene ni director, ni ensayo y los actores conocen el guión cuando se montan en la tarima y lo ven sellado en la silla”, explicó Marcos Alvo, el director de The Cow Company, la productora encargada del montaje.

Alvo detalló que siempre usan el mismo guión, solo modifican el género del intérprete en el texto.

El productor comentó que la idea de presentar “Conejo blanco, conejo rojo” surgió como sugerencia de la actriz Ignacia Allamand, luego de verla en México. “Esta vez habíamos previsto solo tres sesiones, pero abrimos 11 más por la receptividad. Hay muchos artistas de diversas áreas y profesiones para darle versatilidad. Hay actores, como Cristián Riquelme, que lo consideran de sus mejores experiencias teatralas”.

Los intérpretes

El actor Cristián Riquelme, que participó el 30 de mayo en la obra, dijo que fue una de las experiencias más enriquecedoras que ha vivido en el teatro. “Es muy atractivo enfrentarse a un texto que escribió un iraní al otro lado del mundo, bajo situaciones muy adversas, porque se instala la adrenalina. Emocionalmente, con el texto, sientes una sensación de abandono”.

El actor Cristián Riquelme debutó el 30 de mayo.

El intérprete precisó que “como actor es un muy buen training para mantener el espíritu abierto y concentrarse en el texto, que es lo más importante para un artista”.

También aclaró que el protagonista debe ser lo suficientemente humilde para entender que su función principal es leer, no tratar de hacerle regalos innecesarios al público, ni hacer comedia. “Solamente hay que dejarse llevar por lo que dice el texto”.

La actriz Francisca Feuerhake, conocida por su personaje de “la vieja cuica”, protagonizará la función en un par de semanas y aseguró que no se ha informado de la obra para mantener la esencia del espectáculo.

“No tengo el guión. Tampoco he googleado ni preguntado nada a terceros para que resulte el experimento. Me dijeron que así debía ser y estoy haciendo caso porque me gustan las sorpresas. Además, no quiero hacer trampa para que funcione”.

Feuerhake aclaró que está confiada de su perfomance, pero ha considerado prepararse con técnicas de improvisación días antes de su puesta en escena. “Nunca he hecho algo tan extremo, pero me lo tomo como un juego de pichanga. Uno quiere ganar, pero si pierdo no pasa nada. Igual he pensado en pedirle a mi profesora de teatro Elisa Zulueta que me haga una sesión de coaching o psicoterapia para afrontarlo”, comenta entre risas.

Francisca Feuerhake debutará el 18 de julio.

Visiones contrapuestas del espectáculo

Dentro de la obra, el público también interactúa. Así le pasó a la periodista de Cultura en “El Mercurio”, Maureen Lennon, quién asistió la temporada pasada a la función protagonizada por Francisco Reyes y fue elegida para subir al escenario. “Es una ruleta porque si te toca el número, te toca. Yo no me había informado mucho y cuando me tocó el papelito para leer en el escenario me conecté mucho con la obra porque me encanta leer y hago cuenta cuentos. Estaba fascinada, creo que nunca había leído con tanta entonación. Es para vencer la timidez, pero no es para todos. Hay que perder el pudor”.

Sin embargo, el crítico de teatro Pedro Labra, evaluó negativamente la obra. “La verdad es que no me gustó mucho. Incluso, había la posibilidad de verla más de una vez, para ver cómo funcionaba con otros actores, y no me dio ganas. Sentí que no valía la pena ir de nuevo”.

Labra señaló que “resultó un juego teatral algo oscuro y errático, que pretende ofrecer muchas más ideas y estímulos de lo que es dable desarrollar con ese material”.