Aula Segura, el experimento que juega con fuego

Por Roger Velázquez

Imaginemos una gran sociedad en medio del bosque, compuesta por varias tribus. Un día, se decreta que todos aquellos que cometan actos incendiarios serán exiliados de sus pueblos y reasignados a otra tribu. Sin razones claras de por qué son designados ahí, ni la certeza de que no vuelvan avivar el fuego, esta gran sociedad busca apaciguar las llamas dispersas, cubriendo su carencia de medidas de prevención de incendios, con el humo de una gran hoguera.

El ejercicio imaginativo podría servir de combustible para el argumento de alguna distopía de George Orwell o Aldous Huxley. Una humanidad segregatoria que impone castigos apresurados detrás de la careta de solución.

“Aula Democrática y Convivencia Segura” –antes “Aula Segura”– es el nombre del proyecto de ley del Gobierno que evoca a esta figuración.

Tras varias semanas en la palestra, la propuesta fue aprobada en el Senado. Con las modificaciones –aún insuficientes– que sufrió tras ser criticada por la oposición, la legislación pretende otorgar a los directores de los colegios la facultad de suspender a los alumnos que cometan actos graves de violencia, “como medida cautelar y mientras dure el proceso sancionatorio”. Los imputados tendrán 10 días para apelar, y las autoridades cinco para resolver. Si procede, se expulsará a los estudiantes.

Aquellos que sean expulsados serán reubicados en un nuevo colegio, siempre y cuando se comprometan a buscar orientación para no reincidir. No obstante, el proyecto no vislumbra estatutos que definan cómo se decidirá el liceo al que serán destinados, o los procesos mínimos para reintegrarse a la vida escolar.

La propuesta de ley cataloga –atinadamente– como delincuentes a los estudiantes que incurren en violencia grave; pero no busca anticiparla ni evitar reiteraciones al solo trasladar el problema, sin
contemplar la creación de protocolos para prever este tipo de conductas o siquiera entenderlas. Valga la expresión, un delincuente no nace, se hace.

La “legislación parche” que se desarrolla, y que se discutirá ahora en la Cámara de Diputados, aspira a ser una anestesia rápida, no un tratamiento preventivo. Y de paso, apunta a ser un poco de leña para algunas fantasías literarias.