Cómo se gestó la toma feminista que se apodera de la Casa Central UC

Benjamín Cruz y Manuel Hernández

A las 7 am de ayer, 150 alumnas ingresaron a la Casa Central de la Universidad Católica encapuchadas, en grupos de a 10, por cada una de las entradas del campus. A los guardias se les pidió retirarse calmadamente y que no interfirieran. Luego, apilaron mesas y sillas para bloquear distintos accesos y pasadizos internos de la Casa Central, dejando aislados los dos patios delanteros del campus, el frontis que da a la Alameda y los edificios administrativos de la universidad, incluido el despacho del rector Ignacio Sánchez. Estas 150 alumnas, motivadas por la causa feminista, concretaron algo que se susurraba en los pasillos desde hace dos semanas pero que nadie creía posible: tras 32 años sin incidentes, la sede principal de la UC estaba tomada; esta vez, bajo una consigna feminista.

 

Frente a la Alameda

A las 10:30 am, en la entrada principal del campus, se presentó la vocera del Movimiento Autónomo Feminista Interseccional de la Universidad Católica (MAFI), Raquel Ortiz, para comunicar el primer listado de demandas de la agrupación. “La Universidad Católica realiza un abuso sistemático de su poder machista. Como MAFI hemos decidido tomar ocupación de la Casa Central, ante la falta de reconocimiento y presencia de nuestro rector para con nuestra movilización”, haciendo referencia a la ausencia del rector Ignacio Sánchez en una asamblea de mujeres convocada el pasado jueves, donde le entregarían un petitorio del movimiento. Luego, Ortiz, quien estudia actuación en el campus Oriente, aclaró que no aceptarían ningún diálogo con las autoridades hasta asegurar que a ninguna alumna involucrada le abrirían un sumario.

En el frontis del campus se reunieron decenas de mujeres en apoyo a la toma. Colgaron lienzos y se sentaron en las escaleras de la entrada mientras resguardaban la sede principal de la universidad. Las puertas solo se abrían para dejar entrar alimentos y agua embotellada que traían personas solidarizadas con la toma.

“Ahora que estamos todas, ahora que sí nos ven, abajo el patriarcado que va a caer, que va a caer. Arriba el feminismo que va a vencer”, era una de las consignas de las manifestantes en la entrada de la universidad. La miembro de MAFI y estudiante de psicología, Estephani Leiva, aseguró que la toma marca un hecho histórico. “Es importante porque desde 1986 no se tomaba Casa Central. Es una forma de interpelar las faltas de respeto de la universidad. Lo que se pide es hacer un protocolo donde se respeten las disidencias”, explicó la feminista.

Detrás de las barricadas

Dentro del campus, el ambiente era más tenso. El acceso a las zonas que no eran controladas por las protestantes era vigilado por autoridades de la universidad. Los patios de las facultades de Comunicaciones y Derecho estaban llenos de atónitos espectadores, ante las barricadas que les cortaban el paso hacia el ala norte del campus. Las encapuchadas resguardaban estas barreras, mientras comentaban sorprendidas el éxito de su proeza.

“Lo planificamos dos semanas, pero creíamos que duraría solo un par de horas, no esperábamos todo este apoyo”, cuenta una manifestante, quien se negó a dar su identidad a “El Vector”, pues decidieron en una asamblea que “solo daremos declaraciones a periodistas mujeres”.

El rector Ignacio Sánchez insistió en mantener la comunicación pacífica y evitar la intervención de fuerzas policiales. En un comunicado enviado por mail a todos los estudiantes de la UC destacó: “Estamos buscando los caminos más adecuados para avanzar hacia la resolución pacífica de esta contingencia. Les solicito que mantengan un carácter pacífico en sus acciones e instauren un diálogo constructivo para deponer la toma. En caso de que esto ocurra, no habrá sumario para los involucrados”, descartando desalojar a las manifestantes de Casa Central.

Al cierre de esta edición, las feministas continúan con la toma de la Universidad Católica y prolongarán indefinidamente la manifestación.