Accidente en Indonesia reabre debate sobre regulación de aerolíneas low cost

Fue solo un susto, aunque de esos que, probablemente, cuesta olvidar. A las 4.52 horas de ayer, el vuelo LA8050 de Latam, rumbo a Santiago de Chile desde São Paulo, debió efectuar un aterrizaje forzoso en Buenos Aires tras los daños que sufrió como consecuencia de una tormenta de granizo.

Fue un susto, además, ya que aún se mantiene presente el recuerdo del avión de Lion Air que este lunes se estrelló en Indonesia, con 189 personas a bordo, producto de problemas técnicos que aún se investigan.

Más allá de las circunstancias específicas que originaron ambas emergencias, el accidente protagonizado por el Boeing 737 en el mar de Java reabre el debate sobre las condiciones de seguridad con que cuentan las aerolíneas low cost como Lion Air (no así Latam, que mantiene su estructura operativa) y el eventual incumplimiento que podrían cometer esas empresas respecto a los protocolos exigidos.

La regulación

De acuerdo con Renata Robbio, de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC), “no existe evidencia que permita concluir que las aerolíneas de bajo costo vulneran de forma sistemática los protocolos de seguridad, mucho menos como consecuencia de las políticas de reducción de tarifas”.

Sin embargo, añade Robbio, la actividad regulatoria “no puede detenerse”, sobre todo si se considera “la aparición de nuevas y numerosas alternativas de aerolíneas low cost”.

Según Rosario Binimelis, del área de seguridad de Latam, “todo el personal de la aerolínea es capacitado, preparado y evaluado para cumplir con la reglamentación que establece una misma autoridad, la DGAC”, por lo que “no hay posibilidad de eludirla”.

En ese sentido, “es el servicio y no las condiciones de seguridad lo que depende de cada compañía”, puesto que estas últimas “obedecen a un protocolo estandarizado”, señala Binimelis.

Por otra parte, “los pilotos hacen constantes simulaciones y la tripulación revalida su acreditación cada año, lo que también es independiente a la aerolínea”, finaliza.

“No existe evidencia que permita concluir que las aerolíneas de bajo costo vulneran los protocolos de seguridad, pero, ante la aparición de nuevas y numerosas alternativas de estas aerolíneas, (la fiscalización) no puede detenerse”. Renata Robbio, Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC).

El accidente de un avión de la compañía Germanwings, línea aérea low cost perteneciente a la filial Lufthansa, ya en 2015 había abierto la duda de si este tipo de empresas cumplen los mismos requisitos de seguridad que las tradicionales. Desde la DGAC confirman que, “independientemente a que los estándares se puedan mejorar, existe un esfuerzo permanente por hacer cumplir a todas las aerolíneas en operación con la normativa vigente en el país”.

A inicios de 2018, el portal AirlineRatings.com publicó una nómina con las aerolíneas low cost más segura del mundo, entre las que se cuentan Aer Lingus, Flybe, Frontier, HK Express, Jetblue, Jetstar Australia, Thomas Cook, Virgin America, Vueling y Westjet.

Asimismo, en esa ocasión anunció las aerolíneas con peor calificación, entre ellas Air Koryo, Bluewing Airlines, Buddha Air, Nepal Airlines, Tara Air, Trigana Air Service y Yeti Airlines.
Mercado ascendente

Durante los últimos años, las aerolíneas de bajo costo han irrumpido en el mercado global y nacional, lo que se ha traducido en una baja general de los precios del transporte aéreo. De hecho, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), durante 2017 el valor de los tickets se redujo en un 27,4% como promedio en Chile, cifra que se ha mantenido durante 2018.

Por tal motivo, las autoridades también han debido redoblar la fiscalización del sector. Solo este año, el Sernac ha cursado denuncias contra dos aerolíneas, Jetsmart y Sky Airlines, por falta de información y de “comprobabilidad” de la misma, así como por datos de carácter engañoso, en la difusión de sus ofertas.

Tan rentable se ha vuelto el mercado del transporte aéreo que las compañías cada vez han recurrido a ideas más innovadoras para atraer pasajeros.

En todo caso, algunas de las primeras en hacerlo fueron Spring Airlines y Ryanair, aerolíneas low cost que, hace casi una década, propusieron instalar asientos verticales a cambio de un menor precio, lo que, sorpresivamente, tuvo una acogida favorable en el público.