Un nuevo lenguaje: Los discos que revolucionaron la música hace 50 años

por Álvaro Molina

El año 1970 estuvo marcado por el fin de la contracultura hippie, la separación de los Beatles y la muerte de íconos como Jimi Hendrix y Janis Joplin. Pero la música vivió un punto de quiebre que cambió para siempre su lenguaje y legado cultural.

Foto que muestra portadas de discos lanzados en 1970

La década de 1970 definitivamente no empezó bien. El frustrado sueño hippie se convirtió en pesadilla cuando los Beatles anunciaron su separación definitiva en abril de 1970 y Simon & Garfunkel pusieron un alto a su carrera con el lanzamiento de Bridge Over Troubled Water en enero. Ese mismo año cobró las vidas de Jimi Hendrix el 18 de septiembre y de Janis Joplin el 4 de octubre. Ambos artistas fueron íconos de la década anterior, pero en el nuevo decenio parecían retratos de un deseo contracultural extinguido que se desvanecía en el mito.

Fue un año catártico, en todo caso. Según el historiador Mark Paytress, la era del “nosotros” cedió el paso al culto individualista del “yo” y lograría su mayor expresión con el punk a mediados de la década. Nacieron agrupaciones que definirían el futuro panorama del heavy metal y el punk, se comenzaron a innovar lineamientos para el jazz, y los excesos de subgéneros como el glam rock de David Bowie marcarían una nueva época revolucionaria.

Belleza americana

La fantasía hippie que alcanzó su punto de clímax en el Festival de Woodstock en agosto de 1969 cayó abruptamente a la realidad en diciembre de ese año. Charles Manson y varios miembros de su “familia” fueron condenados por el asesinato de la actriz Sharon Tate y revelaron el rostro más oscuro de la contracultura. El llamado “desastre de Altamont” sepultó definitivamente el ensueño sesentero, cuando Meredith Hunter fue asesinado en un concierto de los Rolling Stones en California. El golpe a la “revolución de las flores» fue fulminante y el rol de la música como actor clave de cambio social se hirió profundamente.

Comenzaba 1970 y algunos espíritus de lo que fueron los sesentas se negaban a desaparecer. Los Grateful Dead, emblemas de la primera oleada hippie, lanzaron en noviembre el aclamado disco American Beauty. Con dulces raíces en el folk y el country rock, la banda de Jerry Garcia y compañía se inspiró en el alma de símbolos como Bob Dylan o Crosby, Stills, Nash & Young.

Grateful Dead es una de las pocas bandas icónicas que sobrevivieron al fin de la era hippie. Hoy en día es considerada como una agrupación de culto, famosa por sus extensas presentaciones en vivo. Al centro se encuentra Jerry Garcia, uno de sus miembros fundadores y emblema del rock estadounidense. Créditos: Billboard (1970)

Neil Young, ya distanciado de sus compañeros David Crosby, Stephen Stills y Graham Nash, empezaba a pavimentar su carrera como solista. El 19 de septiembre estrenó After the Gold Rush, una combinación clave de rock, country y folk, estilos que se convertirían en el sello personal del canadiense. Canciones como “Southern Man” (una crítica explícita al racismo y la esclavitud) y el manifiesto ambientalista del tema que da nombre al disco todavía eran un espejo de la identidad sesentera.

Let It Be…

Las tensiones que los Beatles venían arrastrando desde el proceso de grabación del White Album en 1968 culminaron con su abrupta separación el 10 de abril de 1970. Ese día, Paul McCartney anunció que se retiraba de la banda y tan solo una semana después lanzó McCartney, su primer trabajo solista. El 8 de mayo se estrenó Let It Be, el último disco oficial de los de Liverpool, grabado en 1969 unos meses antes de las sesiones que darían origen a Abbey Road. En diciembre, McCartney ingresó una causa judicial para terminar cualquier relación contractual con los Beatles y la disolución fue sellada para siempre.

 

El talento creativo de los Beatles continuó incluso después de su separación. Cada uno de sus miembros lanzó un disco en solitario durante 1970. Además del mencionado McCartney, Ringo Starr editó el discreto Sentimental Journey en marzo. Por su parte, George Harrison profundizó en el misticismo y en noviembre estrenó el legendario disco triple All Things Must Pass, producido por Phil Spector y con las participaciones de Eric Clapton, Phil Collins, y Peter Frampton. John Lennon transfiguró sus anhelos de vanguardia hacia un rock más convencional e íntimo y en diciembre lanzó John Lennon/Plastic Ono Band junto a Yoko Ono.

 

Para Claudio Vergara, editor de la sección de espectáculos de La Tercera, el quiebre de los Beatles es uno de los “hechos concretos que marcan un punto de inflexión” en el paso musical de los sesentas a los setentas. “Uno de los legados más importantes de los Beatles es lograr influir la evolución de la música popular hacia miradas múltiples”, explica el periodista, “y los artistas que tenían un hambre de creatividad nueva podían explorar las técnicas de estudio inauguradas por los Beatles en la segunda mitad de los sesentas”.

El jazz encuentra un nuevo lenguaje

Para 1969, Miles Davis estaba ansioso por encontrar nuevos horizontes en el jazz. El trompetista ya era un ícono indiscutido y se le consideraba como la principal fuerza creativa del género. Influenciado por la avidez de movimientos contemporáneos como el rock y el funk, el 30 de marzo de 1970 lanzó el indispensable disco Bitches Brew.

Bitches Brew inauguró el período «eléctrico» de Miles Davis, el cual se expandiría con discos como A Tribute to Jack Johnson (1971) y On the Corner (1972). Créditos: Autor desconocido

Con más de una hora y media de duración, la obra es considerada por críticos e historiadores como “revolucionaria” y el trampolín que lanzó a Miles Davis hacia su “mayor aventura musical”. La mezcla de estilos y la innovación rítmica del disco formaron un nuevo lenguaje musical para el jazz y provocó que el género se popularizara fuera de los círculos más “serios”. Esta innovadora aproximación, sumada al expresionismo de la gigantesca banda de Davis (con más de 10 músicos tocando simultáneamente) inmortalizan a Bitches Brew como un álbum esencial en la historia de la música.

Nueva Canción Chilena

Mientras el éxtasis hippie se disipaba en países como EE.UU. e Inglaterra y el jazz expandía sus horizontes, Chile también vivía un período de renovación musical. Luego de la retirada de la Nueva Ola y el fin de bandas inspiradas en la influencia anglosajona como Los Vidrios Quebrados o Los Mac’s, el recambio llegó con el movimiento de la Nueva Canción Chilena.

 

Ligado fuertemente a la acción política y las raíces folclóricas heredadas de Violeta Parra, el movimiento se convirtió en la banda sonora del período de la Unidad Popular. En agosto de 1970, Quilapayún editó la aclamada cantata popular Santa María de Iquique y se consagraron como una pieza clave de la Nueva Canción. Por su parte, Los Blops debutaron con su disco homónimo y pasaron a la historia con el clásico “Los momentos”. En Viña del Mar, Los Jaivas deliraban en experimentaciones de rock vanguardista y psicodélico, con grabaciones de 1969 y 1970 que posteriormente fueron incluidas en el compilado de cinco volúmenes La Vorágine (2004).

 

La «Cantata Santa María de Iquique» posicionó a Quilapayún como uno de los actos más destacados de la Nueva Canción Chilena, mezclando folclor, canción protesta y narraciones a cargo de Héctor Duvauchelle. Créditos: Gentileza Miradoc

 

Si bien Chile siempre fue “un paso atrás” con respecto a la música del mundo anglosajón, según Claudio Vergara “el poderío de la Nueva Canción Chilena es indiscutible”. La férrea defensa del “espíritu latinoamericano” de grupos como Inti-Illimani y Quilapayún no impidió que la Nueva Canción estableciera cruces con el rock. “Si bien muchos músicos de esa época como el Gato Alquinta de Los Jaivas, José Seves de Inti-Illimani o Eduardo Gatti de Los Blops eran fanáticos del rock, todos encontraron un espacio que se asimilaba mucho a las raíces sociales del rock al defender a los oprimidos y cuestionar el sistema”, apunta Vergara. El movimiento generó su propio legado y agrupaciones como Los Tres, Chancho en Piedra y Los Bunkers reversionaron composiciones de aquella época durante sus respectivas carreras musicales.

Paranoias del horror

Inglaterra no se iba a quedar atrás de la revolución musical. A principios de los setenta, Pink Floyd encontraba su nicho en las sofisticadas innovaciones tecnológicas del rock y David Bowie comenzaría a modernizar los excesos estilísticos con sus múltiples personalidades.

Pero en la dura y fría ciudad de Birmingham, la “respuesta obrera” al blues británico vendría de la mano de un desaventajado cuarteto que cimentó los orígenes del heavy metal como género. Liderados por Ozzy Osbourne, Black Sabbath interpretó los horrores de la modernidad e ilustró en sus primeros álbumes la decadencia moral que plagaba la cultura occidental.

Los primeros discos de Black Sabbath tuvieron éxito entre el público juvenil, pero en su momento la crítica los despedazó. Sin embargo, el tiempo les daría la razón. Créditos: Autor desconocido

La banda editó en febrero de 1970 su primer disco homónimo, pero el impacto fue más profundo en septiembre con el lanzamiento de Paranoid. Con un éxito inmediato a ambos lados del Atlántico, Black Sabbath consideró la “farsa hippie” como una antítesis ajena a las precarias condiciones de vida que ellos mismos sufrían. Con canciones como “War Pigs”, “Iron Man”, y “Fairies Wear Boots”, el segundo disco de los británicos ataca duramente al orden político. La oscura estética de su sonido llevó al público a asociarlos con el anticristianismo, concepto que el heavy metal continuaría desarrollando en el futuro.

Visceralidad y autodestrucción

Desde Ann Arbor, Michigan, llegó una de las piezas clave para unir los inicios de los setentas con la explosión punk a mediados de la década. The Stooges, con Iggy Pop a la cabeza, encarnaban los ideales diametralmente contrarios a la “generación de las flores” y buscaban volver a las raíces más primales y salvajes del rock. Su inconformismo radical y espíritu nihilista se materializaba en canciones atronadoras que espantaban cualquier romanticismo de la contracultura hippie.

Para el crítico norteamericano Patrick McNally, el disco ‘Fun House’ muestra a The Stooges «perdidos cultural y espiritualmente en medio del humo, los disturbios y la confusión de Detroit y EE.UU. a principios de los setentas». Créditos: Thomas Copi (1970)

El 7 de julio de 1970, la banda lanzó uno de los testamentos definitivos del rock & roll como agente del caos. Su segundo disco Fun House encapsuló la energía y el sonido de las escandalosas presentaciones en vivo que constituían el sello de la banda. Canciones rápidas, ensordecedoras, y de tendencias autodestructivas como “Down on the Street” y “Loose” reflejaban visceralmente un EE.UU. sacudido por los disturbios, la violencia y el sentimiento de abandono para toda una generación.

La innovación se cristalizó cuando The Stooges añadieron elementos de jazz desenfadado y anarquía musical en canciones como “1970” y “L.A. Blues”, ingredientes clave que luego serían recogidos por el punk como un valioso legado de irreverencia contestataria.