Un año de deudas con las víctimas de trauma ocular

por Isidora Montero

En su primer aniversario, las deficiencias de la iniciativa se mantienen. Organizaciones sociales y víctimas advierten que el programa no ha evolucionado desde que fue anunciado y buscan su reestructuración integral.

Foto: Agencia Uno

Hace un año, el otrora ministro de Salud, Jaime Mañalich, anunció el Programa Integral de Reparación Ocular (PIRO). Esta iniciativa buscaba garantizar la atención a personas que hubiesen sufrido daños en la visión por parte de Carabineros, en el marco del estallido social. Diferentes organizaciones civiles involucradas en el tema denuncian que aún son muchas las deudas con las víctimas.

El primer caso de trauma ocular se denunció a dos días del inicio del estallido social, en Chillán, tal como afirmaba radio Bio-Bío en ese entonces. Luego, la cifra fue en ascenso y para fines de octubre eran más de 100 personas las que habían perdido un ojo. A raíz de lo mismo, en noviembre de 2019, nació el PIRO, “con el fin de brindar atención gratuita a las personas que sufrieran daños en la visión, independiente de si está en ISAPRE o Fonasa”, tal como explicaron desde la cartera de Salud.

En la descripción de la medida se agrega que esta contempla “atenciones médicas, protésicas, funcionales y apoyo psicosocial. La atención es entregada por un equipo compuesto por diversos profesionales de la salud”, todos dependientes de la Unidad de Trauma Ocular (UTO) del Hospital del Salvador, en la región Metropolitana.

«El año del programa sólo indica que este no da a bastos, que es precario e insuficiente y que ni siquiera considera contrataciones de personal”.

Mariella Norambuena,
directora del ICHTA.

Una de las críticas realizadas al PIRO es justamente el alcance que este tiene. “La mayoría de las personas se atienden en la UTO porque es el único centro público con urgencia oftalmológica del país, entonces aquellas que viven en regiones lamentablemente tienen que costearse sus traslados y no reciben financiamiento para eso”, sentencia Matias Vallejos, director de Los Ojos de Chile.

Según cifras de la organización, a la fecha hay 472 víctimas. En marzo, el Instituto Nacional de DD.HH. (INDH) actualizó el catastro, identificando 460 personas, pero con la llegada de la pandemia, el conteo se paralizó.

Desde ese mes, Los Ojos de Chile han recibido 12 casos más y el último ocurrió el pasado viernes.
Semana a semana seguimos viendo víctimas de traumas oculares porque no han existido garantías por parte del Estado de no repetición”, denuncia Vallejos. Explica que “se siguen usando perdigones y balines para el control del orden público, que son los responsables de cientos de traumas oculares”.

El mural “Ojos para el prueblo” fue realizado por el colectivo “Mosaico protesta”, en la afueras de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano Foto: Agencia Uno

El apoyo psicosocial

Dentro de los aspectos considerados en el PIRO está la atención psicológica a quienes hayan sufrido estrés postraumático, a causa de mutilaciones oculares. Desde el principio de su funcionamiento el programa cuenta con sólo una psicóloga para recibir a cientos de personas que, hasta ahora, han sido registradas como víctimas.

La directora del Instituto Chileno de Terapia Avanzada (ICHTA), Mariella Norambuena, ha estado activamente involucrada con las víctimas al ofrecer en sus centros terapias gratuitas de rehabilitación. A pesar de que esta institución privada no posee ningún vínculo formal con el programa, sí atiende pacientes derivados desde la UTO. Destaca que esto nace desde la imposibilidad de que sólo una persona se haga cargo del flujo de víctimas.

El tratamiento que proveen comenzó a administrarse recién desde el pasado marzo, ya que Norambuena indica que, previo a esta fecha, existía desconocimiento de parte de las coordinaciones en contacto con las víctimas. La psicóloga es crítica al afirmar que el programa constituido bajo el alero del anterior ministro de Salud “fue como un parche curita en el minuto, sin concebir una visión más allá de lo que sucedía con las víctimas”.

Creo que aún no hay nada tan resuelto con respecto a las víctimas de trauma ocular, el programa es más bien fruto de la improvisación”.

Matías Vallejos,
director de Los Ojos de Chile

Ante las dificultades que el programa presentaría, la psicóloga remarca que existen grandes necesidades de reestructuración. En primer lugar, indica que “es necesario retirar la unidad UTO de las dependencias del Hospital, porque la iniciativa es un programa independiente y por lo tanto debería actuar como tal, no cómo una unidad supeditada a la directiva hospitalaria”.

Esta observación se explicaría ante la profunda “retraumatización” a la que los pacientes se exponen al tener que ingresar a hospitales para consultas terapéuticas. Por otro lado, la psicóloga advierte que pacientes víctimas de mutilaciones oculares atendidos por el ICHTA declaran, en terapia, haber recibido malos tratos y cuestionamientos por parte del personal hospitalario.

“El programa lo catalogamos como insuficiente. Primero, porque tiene un nombre muy rimbombante que habla de ser integral, pero no lo es, porque está suscrito a la dimensión de la salud física y resulta ser muy insuficiente con salud mental», agrega Vallejos.

El 10 de septiembre del presente año, el Ministro Paris anunció la formación de un nuevo Departamento de Derechos Humanos y Género y el PIRO funciona bajo dicha jurisdicción ministerial desde entonces. Sin embargo, la directora del organismo, Nelly Alvarado, prefirió no referirse a las críticas emitidas en contra del programa.

Comisión de reparación

Dado que diversas instituciones dieron cuenta de los problemas que el programa presenta, dentro de la comisión de Verdad Justicia y Reparación, organizada por la presidenta del Senado, Adriana Muñoz (PPD), se comenzó a discutir el actual funcionamiento del PIRO. En la instancia conformada por organismos sociales que representan a las víctimas, la Comisión de Derechos Humanos y el INDH, recién comienza a evaluarse una mayor asignación de recursos al Programa de Reparación y Atención Integral de Salud (PRAIS).

Quienes han participado de la mesa de trabajo rescatan que la instancia ha permitido la discusión de temáticas de salud mental y médicas que giran en torno a las víctimas del 18O. En la misma línea, las coordinadoras indican que es inaceptable que el programa continúe en su estado y que una reestructuración de la iniciativa, junto con el aumento de presupuesto y personal, son medidas indispensables para retribuir el daño sufrido por las víctimas.

Desde la fundación Los Ojos de Chile, son categóricos en afirmar que existe un problema en el presupuesto destinado a las organizaciones legales que tratan los DD. HH. en el país, lo que explicaría en parte la deuda que se mantiene con las víctimas de traumas oculares.

“El INDH y la defensoría de la niñez tienen que luchar por dinero para que puedan cumplir su mandato legal”, afirma Vallejos. Agrega también que, en el marco de la discusión de presupuesto, “hay una oportunidad concreta de parte del estado de Chile para reconocer que aquí han habido violaciones a los derechos humanos y que eso se consagre con glosas más abultadas en el Minsal en materia de reparación de víctimas de DD.HH.”

Las horas de espera

Andrés Figueroa recibió un impacto de perdigón en 2019.

El 1 de noviembre de 2019 Andrés Figueroa recibió el impacto de un perdigón de Fuerzas Especiales de Carabineros en su ojo derecho en medio de las manifestaciones del Parque Bustamante.

«Iba caminando, miro a la izquierda y veo salir a Carabineros de forma totalmente sorpresiva y disparan. De inmediato sin ningún tipo de agresión por parte de nadie, se pusieron a disparar habiendo niños en el lugar», relata Figueroa acerca del día en que perdió por completo la visión en uno de sus ojos.

Desde ese momento tuvo que acudir con ayuda de sus primos a la UTO del Hospital del Salvador en Providencia donde se sometió a múltiples cirugías en las que removieron su iris y cristalino. Enseguida entendió que era casi imposible que recuperara la vista en su ojo y cuenta que: “ahora estoy esperando que las tecnólogas que atienden el programa me hagan un lente de contacto estético”.

Figueroa explica que en su caso la atención médica fue expedita y que sólo pasaron un par de días desde el impacto y la primera cirugía. Sin embargo, admite que: “Hay sólo una psicóloga en la UTO, me atendían bien pero éramos tantos que la espera podía extenderse por al menos cuatro horas”.