Cristalina Parra Núñez: Un producto de su herencia

La poeta Cristalina Parra, nieta de Nicanor Parra, comparte sus pensamientos sobre la influencia que ha tenido el apellido Parra y Núñez en la transformación de su arte. Además, la joven narra sus vivencias, las de una nómada que dejó su patria y saltó al vacío.

Cristalina Parra (20) disfruta de un día de skateboarding, su nueva adicción. Crédito: Cortesía.

Caminó por una hora sin dirección en el desierto. Camino y se sacó la ropa. Se quedó desnuda en las arenas. Tomó sol en pelotas en la mitad del desierto en Jordania y se tomó fotos. “Unas nudes”, confiesa Cristalina Parra (20) entre risas. 

Su cara está en constante movimiento, al igual que sus manos. Se encuentra sentada en el piso, reclinada en el brazo de un sofá gris del departamento que, desde hace menos de una semana, comparte con su amiga chilena en Londres. La semana pasada estaba viviendo con su pololo en Nueva York. “Una nómada en tiempos de crisis”, concluye la poeta sobre sus traslados transatlánticos durante la pandemia. 

La nieta de Nicanor Parra sigue siendo en muchas formas la pícara Lina Paya. Su sonrisa es contagiosa y sus actuaciones e imitaciones hilarantes. Pelea con su spanglish y se queja que su escritura nunca parece alcanzar los cambios y transiciones entre el inglés y el español. Pero añade: “No tienes que saber escribir para escribir”. Su primer libro, Tambaleos, será publicado el próximo año.

Le pido que lea los poemas que me compartió, a los que llamó “criaturas”, esos que se encuentran en búsqueda de una casa editorial que los acoja. Con su voz a la vez sedosa y ronca nos perdemos en sus memorias de niñez.

– ¿Qué es el nacimiento? ¿Qué significa nacer y cuántas veces nacemos en una vida? 

-Es una pregunta que para mí en este momento es especialmente interesante y no me lo he preguntado de manera directa, pero ha estado en mi mente, rondando… Porque siento que nací cuando nací… born out of my mom’s vagina… y después me fui de mi hogar y ahora estoy volviendo a tener un renacimiento, de adulta, de aprender a vivir mi vida sin mi mamá. Esos han sido mis dos nacimientos. Para todas las personas son momentos distintos. Hay gente que nace una vez nomás…

Lee uno de sus poemas sobre su nacimiento. Sus versos nadan entre la sangre que derramó su madre en el momento que Cristalina Parra irrumpió en este mundo. 

– ¿Cómo trazas tu existencia desde tu yo a tu madre? 

-Mi existencia es mi mamá. Completamente. Soy súper mamona. There is no me without mom. Desde chica mi vieja me dejó muy claro que somos un equipo. No escribo tanto sobre ella porque la siento tan cercana a mí que es como si escribiera sobre mi propio ombligo.

María José Núñez, madre de Cristalina Parra, es parte del elenco original de “La Negra Ester”. Fue ahí donde conoció a su exmarido y el padre de Cristalina Parra, Juan de Dios Parra. Tanto madre como hija comparten una perfil angular enmarcado por una cabellera oscura. La de su madre, en un entonces, era de un negro color cuervo, que ahora se ha tornado en un río de plata. 

– ¿Cómo te ha afectado como artista ser criada por tu madre? 

-Admiro mucho el proceso creativo que ha tenido mi mamá y la libertad que siempre se ha permitido tener como una persona que vivió la dictadura. Nunca voy a lograr entender completamente su espíritu creativo ni su resiliencia creativa. Pienso que nunca voy a vivir un episodio de tanta represión creativa como el que ella y su elenco completo tuvieron que enfrentar. Ese coraje y confianza en el arte es algo que siempre he admirado en mi proceso creativo. 

Pausa un momento.

-Muchas veces las personas asumen que mi inspiración creativa viene de mi lado Parra, obvio. Pero…siento que mucha más de mi energía creativa viene de mi mamá. Y no solo de mi mamá, sino que, de todos, y esto incluye a los Parra, quienes estaban creando arte en un momento de contingencia tan fuerte. Como artistas chilenos jóvenes nunca podemos dejar de observar a esa generación y homenajearla. Tenemos una gran labor, no solo de mantener una memoria sobre lo que pasó en Chile, sino de entender cómo eso afectó a la comunidad creativa en Chile y cómo tuvieron la capacidad nuestros predecesores de mantener una escena artística viva y palpitante durante momentos donde era muy difícil hacerlo.

– ¿Te casarías por amor después de sólo quince días como lo hicieron tus padres? 

La poeta no titubea. 

Sí. Totalmente. No porque crea en el matrimonio, sino porque soy una persona tan emocional que si es que llega otra persona y me dice como “¡Hueón casémonos!” lo haré. 

Try me bro, try me”, dice acercándose a la cámara de su computador, mueve los brazos y pretende desafiar a un futuro prometido. 

-Pero también es porque yo veo las cosas con muy poca seriedad. Siento que la gente ve las cosas con mucha seriedad. Para mí, cosas como el matrimonio que deberían ser algo más, entre comillas, importante…No tienen ese sentido. 

Continuamos leyendo sus poemas dentro de los cuales surge la figura de su padre.

– ¿Cómo te identificas con tu padre? 

Soy muy parecida a mi papá en muchas cosas. Salí flacucha como él, pero me muevo como mi mamá. Me parezco mucho a mi padre, pero siento que tengo las mismas expresiones y manierismos que mi mamá. (Ríe) Con mi papá me parezco en cosas escondidas. Porque pasé mucho tiempo sin él. Son cosas de las que no me doy cuenta como me doy cuenta con mi mamá. Pero tengo el mismo temperamento que mi papá. Soy muy atávica. 

– ¿Buen temperamento o mal temperamento? 

-Mal temperamento. Ay que vergüenza, pero es verdad. 

Sonríe y pretende esconder la cara bajo sus largos dedos que terminan en uñas puntiagudas. 

Un mal temperamento, pero moderado. Un temperamento de not giving a shit y de poder dejar ir cosas con mucha facilidad. A veces eso termina en resquemor… Lo cual es pésimo. Otro de mis mecanismos de afrontamiento es simplemente irme. Peace out.

Hace la señal de paz a la cámara en un gesto que alude a irse. 

-Mientras más crezco más me doy cuenta de que me parezco mucho a mi viejo. 

-Y eso, ¿qué te hace sentir? ¿Te gusta o no te gusta parecerte a él? 

-En un principio me molestaba mucho. No crecí con mi papá desde los seis años… El parecernos es algo que ahora me enorgullece. También porque me doy cuenta de que por dentro es un gran tipo. Sí, se fue y eso no fue placentero, pero es un gran músico.

La energía femenina y la patria

Continuamos adentrándonos en la serie de poemas que describen su infancia. Estos poemas, cuenta, los escribió en su viaje a Jordania para una de sus clases electivas en la universidad. En uno de los escritos confiesa tener conversaciones con Violeta Parra.

– ¿De qué conversan con Violeta Parra? 

Conversamos de muchas cosas. Personajes como Violeta en mi vida tienen mucho que ver con la manera en que yo me relaciono con la energía femenina. Encuentro mucho poder para escribir en las maneras en que sé que lo han hecho otras personas en mi vida… Mis antepasados femeninos. Personas como ella me dan la fuerza de hacer cosas que la sociedad no quiere dejarme hacer por ser mujer. Uso su energía para hallarme en momentos en que no tengo que ser la mujer convencional. Le pregunto: “¿Puedo hacer esto? Ella me responde: “Sí, hazlo”. Y entonces lo hago y trato de mantenerme fiel a sus consejos. 

– ¿Cómo te la imaginas? 

Mi imagen de Violeta se parece mucho a mi mamá. Siento que son parecidas. Físicamente, pienso que tienen un pelo y tono de piel similar. La veo reflejada en mi mamá y también un poco en todas las mujeres chilenas… Ese mestizaje que tiene no solo Chile, sino América Latina en general. Me imagino dos versiones de Violeta. Una es la versión europea. La versión en Francia, en el Louvre, en la que está haciendo some bad bitch shit. Dos, la versión en Chile. Son dos personajes completamente distintos porque cambiamos mucho dependiendo de dónde estamos. Estas dos imágenes para mí tienen mucho significado porque yo también navego en esos dos espacios. Entre el hogar, que para mí es Chile y siempre lo va a ser y cualquier otro lugar, donde está mi cuerpo ahora, por ejemplo. Por eso encuentro mucha fuerza en sus canciones cuando pienso… “¿Por qué me fui de Chile?”

– ¿Tienes una esperanza de volver a Chile en algún momento?

-Siempre voy a volver a visitar Chile. No sé cuándo volvería a tener una vida en Chile. 

– ¿Qué es lo que extrañas de Chile? 

Siento que extraño un Chile que es muy distinto. No estoy diciendo que quiero que sea así para nada, estoy diciendo que siento algún tipo de… Desconexión. Cuando uno no está en un lugar hace mucho tiempo le empiezan a surgir dudas. Las cosas cambian de lugar en las ciudades. Soy de Santiago y las ciudades cambian mucho. Más ahora después de una revolución social y una pandemia. El Chile en el que crecí va a ser muy diferente al Chile que existirá cuando vuelva. Quizá no tan distinto como si uno lo vive, pero para mi va a ser muy distinto porque me salté un proceso. 

-En su momento Nicanor Parra escribió que la izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas. ¿Qué piensas de ese pensamiento en esta época? Durante esta crisis social. 

-Mi abuelo siempre ha sido una figura malentendida en la política chilena por tener la bandera verde y no una bandera de un color político. Él no tendría ninguna dificultad diciendo lo que piensa. Creo que existe una dificultad en la forma en que las personas piensan que las cosas son tan blanco y negro. Las cosas no son así. A veces la gente dice “Nicanor Parra era un amarillo”. Francamente creo que es una falta de respeto. Uno no se puede olvidar de algunas cosas que pasaron. La carpa que se quemó.

La joven Parra menciona la carpa del espectáculo Hojas de Parra. La obra fue basada en poemas de Nicanor Parra y afinada por el mismo poeta. La carpa fue quemada entre las horas del toque de queda, una noche, durante la dictadura en Chile.

-Eso no se olvida. Los milicos sí entraron a nuestra casa. Tener la audacia de decir eso… Pero también lo entiendo, entiendo que exista un enojo, un resentimiento de que él no se conformaba con ningún partido político. 

-Y a ti, ¿cómo te afectó el estallido social del 18 de octubre? 

-Mi vida entró en pausa y yo entré en una depresión gigante. Yo estaba en la mitad del desierto y Chile despertó. Viajé de Turquía llorando a Abu Dhabi. Me preguntaba: “¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Por qué no estoy en Chile? ¿Por qué me vine?” Volví a Chile en diciembre. Ahí entendí un poco mejor lo que estaba pasando. Me costó no estar en Chile y no ser parte de un momento tan histórico. Sé que tengo la opción de estar en Chile. También por eso me cuesta mucho porque estoy decidiendo no estar allá en este momento. 

Nicanor y Paya 

Dejamos el escenario del estallido social y cambiamos al escenario de la memoria. Cristalina lee sus poemas en los cuales su madre la encontraba escondida en la biblioteca de dos pisos, con la anti-escalera que tanto le costaba subir, pretendiendo leer libros antes de saber leer. 

El escenario que plantea la joven Parra en sus poemas es suntuoso. Presenta el bosque donde su abuelo, Tatay, la perseguía, el ruido de las patitas de su niñez bajando escaleras tempestuosamente y los momentos en que Nicanor, a espaldas de su madre, la llenaba de dulces y la dejaba sorber un poco de vino. 

-Tu abuelo te decía cuando corrías por la casa que pusieras “las patitas primero”. ¿Cómo se ha resignificado este consejo a través de los años? ¿Lo sigues o escuchas más el espíritu de Mariana Abramovich, de salir de la zona de confort y tirarte al vacío? 

Mariana Abramovich. I love that bitch. Me tiro al vacío. Me tiro al vacío totalmente. Me tiro al vacío mucho. Pero también con cuidado. Parte del espíritu de “las patitas primero” es asegurarte de saber dónde vas a aterrizar. Al final, como el hecho de poner las patitas primero… Vas a aterrizar… Tendrás que aterrizar en algún momento… Pero la idea es caer parada y no de guata. La meta es pegarse el salto, pero con las piernas primero. Si te vas a lanzar, si es que vas a bajar esa fucking escalera, entonces las vas a bajar y la vas a bajar bien. 

-En estos últimos poemas que leíste hay una complicidad entre tu abuelo y tú que se escapa de tus poemas… 

-Totalmente. Sí había complicidad. Ese hombre me confiaba lo que fuera y eso era grandioso. Nuestra complicidad existía en los silencios. Habitábamos muchos espacios en el silencio. Es una virtud. Las personas no lo aprecian lo suficiente y algunos no lo entienden. En esos momentos de silencio puedes entender algo que alguien más está entendiendo sin siquiera tener que hablarlo. Esos momentos son los momentos más importantes para mí. No solo con mi abuelo, sino con cualquier persona que pueda entender el silencio también. Lo aprendí muy bien de él, Nicanor era un master del silencio y de medir las palabras. Cuánto hablar y cuánto no.

– ¿Cómo fue encontrarte con la poesía de él antes de que muriera y después? Me refiero al archivo de su trabajo que se compiló en la casa de La Reina.

– ¡Sí, qué vergüenza! Pero ni cagando he leído toda la poesía de Nicanor Parra. Más que encontrar la poesía de mi abuelo era encontrarme con mi abuelo como una persona. Estoy segura de que a todos nos pasa. Tu mamá o tu papá no son un humano, son tus padres. Me empecé a dar cuenta después de encontrar ese espacio vacío e inhabitado y de encontrarme con todos los objetos de una persona que era una persona… Una persona que tiene una vida, que tenía amigos, que escribía notas. Que escribía notas de manera muy similar a las que yo escribía. Fue darme cuenta de que no era mi abuelo, sino que era Nicanor Parra, ambos al mismo tiempo. Nicanor Parra, el personaje literario y Nicanor Parra como persona. Fue muy hermoso darme cuenta de eso y coincidió con la muerte de mi abuelo. Después me quedé con esa incógnita. Mi abuelo cambió mucho con su muerte, obvio que cambió, si se murió, pero también cambió mucho en mi imaginario. 

La muerte y los Parra

-En tu poema anterior mencionaste que cuando tu mamá se fue al el Reino Unido por un curso tu abuelo materno se murió y tú la representaste. Lo mismo dices que se repitió con tu padre. ¿Qué significó estar representándolos? ¿Qué emociones afloraron? 

-Mucha responsabilidad. A través de mí ambos estuvieron ahí. Creo que eso es muy hermoso. Creo que también es muy hermoso que mi papá estuvo ahí para la muerte del padre de mi mamá y mi mamá estuvo ahí para la muerte del padre de mi papá. Eso fue un momento hermoso que realmente habla de cómo funciona esta familia. Si esas escenas no te demuestran cuánto amor existe en nuestra familia, no creo que nada más lo logre. Eso desacredita el drama de todos los demás. Siento que representarlos me ayudó a poder lidiar con la muerte, nunca es fácil, aún si la tengo muy asumida.  

-En una entrevista con El Mercurio, tu primo recordó una conversación entre tu abuelo y tú. Tu le preguntaste qué sustancia tomaba y él te respondió…

-Ácido ascórbico. 

-Tú continuaste y preguntaste: “¿Por qué?” Y él decía que “lo hacía para no morirse. Tu respuesta fue: “Pero te vas a morir igual”. ¿De verdad comprendías la muerte de forma tan clara a una edad tan temprana?

-Esa es una cosa muy rara mía. Para mí la muerte nunca fue un tema. Quizás porque tenía un abuelo tan viejo entonces siempre se hablaba que se iba a morir. Tengo la muerte asumida hasta el día de hoy. Puede ser peligroso porque como yo no tengo el miedo cristiano a la muerte, a veces puedo hacer unas estupideces… Pero no le tengo miedo como: «Oh, te vas a morir». Porque yo no veo a la muerte como un fin. Parte del problema que tenemos con la muerte es nuestra concepción del tiempo y del espacio. Pensamos que todas estas personas que están muertas no están con nosotros. Yo sé que sí, que están acá y que están conmigo. And that’s my take on that.

– ¿Piensas en tu muerte y qué sientes cuando te le paras de frente? 

-Mi propia muerte no me da nada, es la muerte de otras personas. Mi propia muerte va a afectar a otras personas. No a mí porque voy a estar muerta. Solo espero que sea divertida. Ese es mi único deseo para mi muerte. Que sea fucking lit. Tener un funeral bacán con lista, lista V.I.P. y también con lista de quienes no podrán entrar. It’s gonna be a vibe

Se pone sombría. 

-Hay momentos en que la muerte me da miedo. Pero pienso que eso solamente pasa porque estoy creciendo y me estoy alejando del momento de mi nacimiento. Lo que me da miedo realmente es tenerle miedo a la muerte. 

-Y en cuanto a la vida, hemos hablado de tu herencia artística y del impacto de esta, pero ¿cómo te has separado de eso? ¿Cómo has trazado tu propio camino? 

No siento que he trazado mi propio camino. Siento que cuando era chica quería hacer mucho, como: «Nah, yo soy yo». Pero no es verdad. Mi vida ha sido muy fuertemente influenciada por mi familia, porque crecí en un ambiente familiar muy intenso. Eso me marcó mucho. Crecer con mi primo, con mi tía, con mi papá, mi mamá y mi abuelo. Siento que todas estas personas que son miembros de mi familia han tenido un impacto muy significativo en mi persona y en mi arte. 

Evidentemente ser Parra y ser Núñez ha transformado el arte que hago. No tengo la necesidad de decir que yo forjé mi propio camino. Porque creo que es hacerle poca justicia a la realidad. Soy un producto de mi herencia. Yo no soy un evento aislado y no intento serlo. Nadie me podrá decir: “Tú sólo puedes escribir porque eres Parra.” Porque sí. Es verdad. 

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