Ayuda comunitaria para combatir el hambre y la escasez de útiles de aseo que produce la pandemia

Exalumnas voluntarias Colegio Villa María, generación del 85'. Fuente: Fotografía de Angélica Rodríguez.

Varias son las organizaciones civiles que han desarrollado distintos proyectos para ir en ayuda de los sectores más vulnerables, conscientes de que las medidas del Estado no serán suficientes.

Durante tres semanas una mujer tocó a la puerta de la casa de Angélica Rodríguez para pedirle alimentos. Ante esta situación, se contactó con sus ex compañeras del Colegio Villa María, generación del 85′, animándolas a organizarse y reunir fondos para ayudar a quienes lo necesitan.

Esto se trata de querer hacer algo. En el fondo, lo único que tenemos es poder motivar a la gente que se tiene alrededor. Esto es un llamado a la indiferencia y a hacer lo que te gustaría que se hiciera si tu estuvieras con esa necesidad”. Angélica Rodríguez

Bolsas con alimentos organizadas por las voluntarias.Fuente: Angélica Rodríguez.

La primera campaña que emprendieron las excompañeras logró acumular casi dos millones de pesos. Con ese dinero compraron mercadería en el supermercado mayorista Alvi y comenzaron a embalar los productos. Se consiguió empaquetar 70 cajas y 120 bolsas Cornershop, a falta de otros recipientes, y estas se enviaron a los sectores más vulnerables de las comunas de Puente Alto y Colina. Además, se asistió a grupos de padres cuyos hijos padecen cáncer, y que se vieron financieramente afectados por la pandemia.

«Yo creo que siempre existe generosidad en los corazones, y si una apela a eso; llega a la gente». Angélica Rodríguez

No era la primera vez que Angélica participaba en iniciativas sociales, así como no era la primera vez que se enfrentaba a un panorama de carencia, ya que durante su vida laboral debió conocer la realidad de los más vulnerables. «Hace mucho tiempo llovía y decía ‘qué cosa más buena, está lloviendo’, pero cuando has visto gente que sufre necesidad, a gente que tiene frío y les conoces la cara, le pones un rostro (a esa situación) y estableces un número sobre esa gente, te cambia la perspectiva que tienes de la vida”.

Organización y embalaje de los alimentos. Fuente: Angélica Rodríguez.

Al comprobar que es factible organizarse y generar recursos para ayudar a los demás, Angélica conminó a sus vecinos de la calle María Angélica Fernández de la comuna de Lo Barnechea, para aportar con lo que cada uno pudiera. Sus vecinos aceptaron e inició así la campaña “Barnechea ayuda a Barnechea”, logrando juntar $691.000. Sin embargo, ir al supermercado y replicar la metodología anterior, se dificultó dada las circunstancias sanitarias a nivel país, por ello, y gracias al Programa Participa de la Municipalidad de Lo Barnechea, Angélica descubrió que con el monto recaudado era posible comprar balones de gas, y así, 50 balones serán enviados a los vecinos del sector Cerro 18 de la misma comuna. De la compra sobraron $3.000 que servirán como primer eslabón de una cadena destinada a otra causa.

Uno de los canalizadores para la ayuda

 El 22 de mayo el Gobierno lanzó el plan “Alimentos para Chile”, como parte de la Red de Protección Social. El objetivo es asistir a la clase media y a los más vulnerables. A principios de junio, se informó que se han repartido 345.444 canastas de mercadería a nivel nacional. Sin embargo, persisten las carencias para determinados grupos de la población y es ahí donde adquieren relevancia las ayudas comunitarias que surgen en el Gran Santiago y en regiones.

El Programa Participa es una plataforma solidaria que se inició en marzo. María José Figueroa, jefa de la unidad de Participa, dice que el objetivo es “unificar a los habitantes de la comuna y así disminuir la brecha social que existe actualmente, ya que hay gente con muchos recursos en comparación con otros y existen varios campamentos que estamos tratando de erradicar. (En definitiva) pretendemos unir a la población para que vean que entre ellos existe una labor solidaria de compañerismo”.

Los esfuerzos de Participa, gracias a los donativos, se traducen hasta la fecha en 1.000 cajas con alimentos y productos de limpieza y, desde la próxima semana, frutas y verduras que estarán disponibles para donaciones y compras comunes. Igualmente, el sitio del programa municipal abrió 230 cupones para recarga de gas licuado y se están realizando las gestiones para proporcionar los galones a quienes no los tengan. “Nosotros lanzamos la campaña y la Dirección de Desarrollo Comunitario (Dideco) nos entrega los datos de la gente que necesita la ayuda, y ellos posteriormente ejecutan la entrega”, comentó María José Figueroa.

Otras de sus campañas son la donación de tabletas y de Internet para los estudiantes de colegios municipales y subvencionados de escasos recursos: “Se identificó a los colegios junto al Departamento de Educación de la municipalidad, para ver qué establecimientos y cuáles eran los alumnos que lo necesitaban. Una persona puede aportar con una banda ancha móvil con tres meses de Internet a los estudiantes para que puedan estos continuar con sus estudios”.

 Labor comunitaria en las cárceles

 A través del ‘boca a boca’, publicando panfletos en redes sociales y enviando audios por WhatsApp en los grupos de la pastoral, de costura y amigos, un conjunto de voluntarias difunde su campaña para recaudar fondos y comprar suministros de limpieza e higiene para las cárceles.

Panfleto de campaña para reunir fondos y comprar artículos de aseo. Fuente: Fotografía proporcionada por Angélica Rodríguez.

Marie Helene de La Taille trabaja hace seis años en el Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín. En un principio se dedicó al acompañamiento espiritual de las internas que no recibían visitas de sus familiares. Con el tiempo, fue colaborando en diversas áreas dentro del recinto hasta hacerse cargo de la bodega de útiles aseo, que se caracterizaba por no tener la organización debida.

La relevancia de esta despensa, para las mujeres residentes, radica en que la administración de la cárcel no les proporciona productos de limpieza ni de higiene personal y desde la pandemia las familias no pueden llevarles aquellos artículos de necesidad básica: “Eso es muy humillante. Muchas de ellas no tienen visitas de sus familias, son inmigrantes o son de regiones, por lo tanto no tienen apoyo para recibir estos útiles de aseo”.

Al principio, los recursos disponibles posibilitaron la entrega de artículos de aseo a 100 internas, lo que luego se incrementó a 200.

Actualmente proyectamos la ayuda a otras cárceles del país, porque nos dimos cuenta que esto estaba pasando en todos los recintos penitenciarios”. -Marie Helene de La Taille-

Desde que llegó el virus a Chile y se decretó la pandemia desde la Organización Mundial de la Salud, la labor que Marie Helene y otras mujeres realizan en las cárceles se ha modificado. Ya no se les permite el ingreso; Marie no ha pisado el recinto desde el 15 de marzo.

La campaña de recolección la hacemos desde nuestras casas y la enviamos a la cárcel, porque ya no podemos distribuir la ayuda nosotras mismas. Somos cinco voluntarios que trabajamos en conjunto, pero recibimos el aporte de 400 personas que nos ayudan con materiales como elásticos para hacer las mascarillas, elementos de costura, jabón y shampoo, entre otras cosas”. -Marie Helene de La Taille-

En tiempos de cuarentena, cuando el trabajo presencial del equipo se dificulta, Marie y los otros voluntarios lograron gestionar una campaña dirigida a las internas indultadas, de las cuales, hay un grupo que no tiene sobre qué dormir, por lo que reunieron 57 camas con sus respectivos colchones, sábanas y frazadas. “Aunque la logística para la recolección de las camas fue compleja, ya que debíamos que tener espacio para albergarlas y posteriormente ir a entregarlas, (conseguimos el objetivo)”.

Una mano lava la otra

Angélica comentó que una vez que los recursos están disponibles acuden a fundaciones, instituciones o municipalidades que los guíen respecto de quienes son los que más necesitan ayuda. Luego, votan quienes serán los canalizadores de los donativos. “He sabido que la ayuda del gobierno llega a la tercera parte de la gente que está inscrita en la municipalidad. Entonces nos pusimos en contacto con las Didecos de Lo Barnechea, Puente Alto, Colina y otras comunas. La idea es que la ayuda le llegue a la gente que necesita y que no recibe los aportes del Gobierno».

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